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A
todos los que recen devotamente mi Rosario, prometo mi protección especial y
muy grandes gracias.
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El que
persevere en el rezo de mi Rosario recibirá alguna gracia insigne.
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El Rosario
será una defensa muy poderosa contra el infierno; destruirá los vicios,
librará del pecado, disipará las herejías.
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El Rosario
hará florecer las virtudes y las buenas obras y obtendrá
a las almas las más abundantes misericordias divinas; sustituirá en
los corazones el amor del mundo con el amor de Dios y los elevará al
deseo de los bienes celestiales y eternos. ¡Cuántas almas se santificarán
por este medio!
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El que se
confíe en mí con el Rosario no perecerá.
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El que rece
devotamente mi Rosario, meditando sus misterios, no se
verá oprimido por la desgracia. Si es pecador, se convertirá; si es
justo, crecerá en gracia y tendrá la recompensa de la vida eterna.
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Los
verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos
de la Iglesia.
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Los que
recen mi Rosario encontrarán durante su vida y en la hora
de la muerte la luz de Dios, la plenitud de sus gracias y participarán
de los méritos de los bienaventurados.
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Libraré muy
prontamente del purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
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Los
verdaderos hijos de mi Rosario gozarán de una gran gloria en el cielo.
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Lo que
pidáis mediante mi Rosario, lo obtendréis.
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Los que
propaguen mi Rosario serán socorridos por mí en todas sus necesidades.
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He obtenido
de mi Hijo que todos los miembros de la Cofradía del Rosario tengan por
hermanos durante la vida y en la hora de la muerte a los santos del cielo.
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Los que
rezan fielmente mi Rosario son todos mis hijos muy amados, hermanos y
hermanas de Jesucristo.
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La devoción
a mi Rosario es una gran señal de predestinación.
(Nuestra Señora a Santo Domingo y al Beato Alano)