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"Movimiento
Sacerdotal Mariano"
ENSAJES DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA AL REVERENDO PADRE STEFANO GOBBI DEL LIBRO DEL M.###.: "A LOS SACERDOTES HIJOS
PREDILECTOS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN" PARA COMENZAR SUS CENÁCULOS DE ORACIÓN Y DE
FRATERNIDAD MIENTRAS OBTIENEN EL LIBRO.
S. Quirino -
Pordenone, 23 de julio de 1987
Después del rezo del Santo Rosario
"Las Familias a Mí Consagradas"
«¡Qué consuelo me ha dado esta jornada
pasada en la oración, en una sencilla y cordial fraternidad, en compañía de esta
familia consagrada a Mí, y que por tanto me pertenece!
Ahora deseo daros mi palabra consoladora,
para que os sirva de aliento en medio de las cotidianas dificultades de vuestra
existencia.
Yo os amo, estoy presente entre vosotros,
os hablo y os conduzco porque sois los instrumentos de mi materno Querer.
Yo miro con amor a las familias
consagradas a Mí.
En estos tiempos, recojo a las familias y
las introduzco en lo íntimo de mi Corazón Inmaculado, para que encuentren refugio y
seguridad, aliento y defensa.
Del mismo modo que me agrada ser invocada
Madre y Reina de mis Sacerdotes, así también, me complace ser invocada Madre y Reina de
las familias consagradas a Mí.
Soy la Madre y Reina de las familias.
Vigilo por su vida, tomo a pecho sus
problemas, me intereso no sólo del bien espiritual, sino también del bien material de
todos los que la componen.
Cuando consagráis una familia a mi
Corazón Inmaculado, es como si abrieseis la puerta de casa a vuestra Madre Celeste y la
invitaseis a entrar, le dais lugar para que Ella pueda ejercer su función materna de una
manera cada vez más intensa.
He aquí por qué deseo que todas las
familias cristianas se consagren a mi Corazón Inmaculado.
Pido que se me abran las puertas de todas
las casas, para que pueda entrar y establecer mi materna morada entre vosotros.
Entonces, entro en ellas como vuestra
Madre, habito con vosotros y participo en toda vuestra vida.
.Ante todo me cuido de vuestra vida
espiritual.
Procuro llevar a las almas, que componen
la familia a vivir siempre en Gracia de Dios.
Donde Yo entro, sale el pecado; donde Yo
moro están siempre presentes la Gracia y la Luz Divinas; donde Yo habito, Conmigo habitan
la pureza y la santidad.
He aquí por qué mi primera misión
materna, es la de hacer vivir en Gracia a los componentes de una familia y de hacerla
crecer en la vida de santidad, a través del ejercicio de todas las virtudes cristianas.
Y puesto que el Sacramento del Matrimonio
os da una gracia particular para haceros crecer unidos, mi misión es la de cimentar
profundamente la unidad de la familia, de llevar al marido y a la mujer a una cada vez
más profunda y espiritual comunión, de perfeccionar su amor humano, hacerlo más
perfecto, llevarlo dentro del Corazón de Jesús para que pueda asumir la nueva forma de
una mayor perfección que se expresa en pura y sobrenatural Caridad.
Refuerzo cada vez más la unión en las
familias, las llevo a una mayor y recíproca comprensión, las hago sentir las nuevas
exigencias de una más delicada y profunda comunión.
Conduzco a sus componentes por el camino
de la santidad y de la alegría, que debe ser recorrido y construido .juntos, para que
puedan llegar a la perfección del amor y gozar así del precioso don de la paz.
.Así formo a las almas de mis hijos y, a
través de la vida de la familia, las conduzco a la cima de la santidad.
Quiero entrar en las familias para
haceros santos, para llevaros a la perfección del amor, para quedarme con vosotros, para
hacer más fecunda y fuerte vuestra unidad familiar.
Después me cuido también del bienestar
material de las familias a Mí consagradas.
El bien más precioso de una familia son
los hijos.
Los hijos son el signo de una particular
predilección de Jesús y Mía.
Los hijos deben ser deseados, aceptados,
cultivados como las piedras más preciosas del patrimonio familiar.
Cuando entro en una familia,
inmediatamente me cuido de los hijos, los hago también míos. Los tomo de la mano y los
conduzco a recorrer la senda de la realización del plan de Dios, que desde la eternidad
ha sido claramente trazado sobre cada uno de ellos; los amo, no los abandono jamás; se
convierten en parte preciosa de mi propiedad materna.
Me cuido particularmente de vuestro
trabajo.
No permito que jamás os falte la Divina
Providencia.
Tomo vuestras manos y las abro al plan
que el Señor realiza cada día por medio de vuestra humana colaboración.
.Así como mi humilde, fiel y cotidiana
acción materna en la pobre casita de Nazaret hacía posible el cumplimiento del designio
del Padre, que se realizaba en el crecimiento humano del Hijo, llamado a cumplir la Obra
de la Redención para vuestra salvación, así también os llamo a secundar el designio
del Padre, que se realiza con vuestra humana colaboración y por medio de vuestro
cotidiano trabajo.
Vosotros debéis hacer vuestra parte como
el Padre Celeste hace la suya.
Vuestra acción se debe unir a la de la
Divina Providencia para que el trabajo produzca su fruto en aquellos bienes, que son
útiles al sostenimiento de vuestra vida, al enriquecimiento de la misma familia, de modo
que sus componentes puedan gozar siempre del bienestar espiritual y material.
Luego os llevo a realizar el designio de
la Voluntad de Dios. Así vuelvo el trabajo espiritualmente más fecundo, porque lo
convierto en fuente de méritos para vosotros y en ocasión de salvación para tantos
pobres hijos míos perdidos.
Entonces vuestra acción se une al amor,
el trabajo a la oración, la fatiga a la ardiente sed de una cada vez mayor caridad.
.Así con vuestra colaboración al Querer
del Padre, componéis la obra maestra de su Providencia que, por medio de vosotros, se
hace concreta y cotidiana.
No temáis: donde Yo entro, Conmigo entra
la seguridad. No os faltará nunca nada. Hago más perfecta vuestra actividad. Purifico
vuestro mismo trabajo.
Participo también en todas vuestras
preocupaciones.
Sé que hoy son muchas las preocupaciones
de una familia. Son vuestras y se hacen mías.
Comparto con vosotros vuestros
sufrimientos. Por esto en los tiempos tan difíciles de la actual purificación, estoy
presente en las familias a Mí consagradas, como Madre preocupada y afligida, que
realmente participa en todos vuestros sufrimientos.
Consolaos, pues.
Estos son mis tiempos. "Estos",
es decir, los días que vivís son "míos" porque son tiempos señalados por una
grande y fuerte presencia mía.
Estos tiempos se harán tanto más
míos", cuanto más se extienda y se haga más fuerte mi victoria, que ahora es
de mi Adversario.
Esta presencia mía se hará mucho más
potente y extraordinaria, sobre todo, en las familias consagradas a Mi Corazón
Inmaculado. Será advertida por todos, y se convertirá para vosotros en fuente de una
particular consolación.
.Avanzad, pues, en la confianza, en la
esperanza, en el silencio, en vuestro trabajo cotidiano, en la oración, y en la humildad.
.Avanzad cada vez más en la pureza y en
la recta intención; avanzad Conmigo por el difícil camino de la paz del corazón, y de
la paz en vuestras familias.
Si camináis todos por la vía que os he
trazado, si escucháis y practicáis cuanto hoy os he dicho, vuestras familias serán los
primeros brotes de mi triunfo: pequeños, escondidos, silenciosos brotes, que ya despuntan
en todas las partes de la tierra como si anticipasen la nueva era y los nuevos tiempos,
que ya están a las puertas.
.A todos os animo y os bendigo.»
Fort
Lauderdale (Florida, U.S.A.), 7 de octubre de 1983
Nuestra Señora del Rosario
"El Dragón será
Encadenado".
« Hijos
predilectos, en la batalla en que cada día estáis empeñados contra Satanás, y sus
insidiosas y peligrosas seducciones contra el poderoso ejército del Mal, además del
auxilio especial que os prestan los Ángeles del Señor, tenéis necesidad de usar un arma
segura e invencible. Esta arma es vuestra oración.
Con la oración
podéis siempre arrebatar al enemigo el terreno que os ha conquistado; podéis hacer
brotar renuevos del bien en el desierto del mal y del pecado: sobre todo, podéis rescatar
un número inmenso de almas, que Satanás ha logrado hacer sus prisioneras. La oración
tiene una fuerza poderosa y suscita en el bien, reacciones en cadena más potentes que las
mismas reacciones atómicas.
La oración que
yo amo con predilección es la del Santo Rosario.
Por esto, en mis
numerosas apariciones, os invito siempre a recitarlo, me uno a los que lo rezan, se lo
pido a todos con ansia y preocupación materna.
¿Por qué el
Santo Rosario es tan eficaz? Porque es una oración sencilla, humilde y os forma
espiritualmente en la pequeñez, en la mansedumbre, en la simplicidad del corazón.
Hoy Satanás
logra conquistarlo todo con el espíritu de soberbia y de rebelión contra Dios, y tiene
terror a todos los que siguen a vuestra Madre Celeste por el camino de la pequeñez y de
la humildad. Mientras los grandes y los soberbios desprecian esta oración, la recitan con
mucho amor y alegría mis pequeños: los pobres, los niños, los humildes, los que sufren
y muchísimos fieles que han acogido mi invitación.
La soberbia de
Satanás será una vez más vencida por la humildad de los pequeños, y el Dragón rojo se
sentirá definitivamente humillado y derrotado, cuando Yo lo ate, no sirviéndome de una
gruesa cadena, sino de una fragilísima cuerda: la del Santo Rosario.
Es una oración
que hacéis juntos Conmigo. Cuando me invitáis a rogar por vosotros, escucho vuestra
petición, y asocio mi voz a la vuestra, acompaño vuestra oración con la mía.
Por esto resulta
cada vez más eficaz, porque vuestra Madre Celeste es la omnipotencia suplicante.
Cuando Yo pido
algo, siempre lo obtengo, porque Jesús jamás puede negar nada que le pida su Madre.
Es una oración
que une las voces de la Iglesia y de la humanidad porque se hace en nombre de todos, nunca
sólo a título personal.
Con la
contemplación de sus misterios, llegáis a comprender el designio de Jesús que se
delinea a lo largo de toda su vida, desde la Encarnación al cumplimiento de su Pascua
gloriosa, y así penetráis cada vez más en el misterio de la Redención. Y entráis en
la comprensión de este misterio de amor a través de vuestra Madre Celeste: pasando por
la vía de su Corazón, conseguís poseer el inmenso tesoro de la divina y ardiente
caridad del Corazón de Cristo.
En ella os
formáis en la perfecta glorificación del Padre a través de la frecuente repetición de
la oración que Jesús os enseñó: " Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino. " Os formáis también en la
perenne adoración de la Santísima Trinidad con el rezo del " Gloria al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo".
Vuestra Madre
Celeste os pide hoy usar el Santo Rosario como el arma más eficaz para combatir la gran
batalla a las órdenes de la " Mujer vestida del Sol ".
Secundad
mi invitación: multiplicad vuestros Cenáculos de oración y de fraternidad; consagraos a
mi Corazón Inmaculado; recitad con frecuencia el Santo Rosario.
Entonces
el poderoso Dragón rojo será totalmente atado por esta cadena; se reducirá cada vez
más su margen de actuación; y por último se volverá impotente e
inofensivo.
Aparecerá a
todos el milagro del Triunfo de Mi Corazón Inmaculado.»
Estos dos Mensajes
han sido publicados con autorización del Centro Nacional del M.S.M. Nadie está
autorizado a reproducir ninguna parte del libro del Movimiento Sacerdotal Mariano sin
previa autorización escrita. Para más información de como obtener el Libro del
Movimiento y material para los Cenáculos de Oración y de Fraternidad, llamar en horas de
oficina a los teléfonos indicados en las notas de este folleto.
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