Sabemos que Angelus es un proyecto de
evangelización encomendado por Dios. Es
ajeno a nuestra voluntad o a nuestros caprichos pero a la vez es tan nuestro que se nos
abre dócilmente al desarrollo de innumerables proyectos.
Es
una manifestación actual de la universalidad y actualidad perenne de la Iglesia. Si somos
fieles, seremos tan fuertes y sólidos como ella y a la vez tan ágiles como sus mismos
miembros.
Nos exige respeto a las raíces y a los inicios,
pero nos abre la mente al progreso y al cambio inteligente.
Es un
constante ejercicio de continuidad en la labor del apostolado. Es un proyecto que devora
conocimientos y experiencias a gran velocidad, emana tradición y dirige la conciencia a
la necesidad de transmitirla.
Es entonces una familia en pleno crecimiento y
que desarrolla una personalidad definida manifiesta en el modo de ser de sus miembros.
Nuestro pasado es parte importante de nuestro
presente, es precisamente lo que nos ha dejado llegar a ser lo que somos ahora, tal como
nuestro esfuerzo presente será la base para la labor futura.
Será transmitido de generación en generación
si con humildad lo ponemos en las manos de Dios y reconocemos que solo de El proviene toda
su efectividad.
Es un proyecto que nació con la fe, vive de la
esperanza y lucha por alcanzar la caridad.