La entrega

Siempre que se toman grandes decisiones, hay alegría sentimiento en ebullición, ilusiones y expectativas, pero  existía todavía algo que provocaba incertidumbre. 

Sentían que había algo más.  Sabían que había algo más allá.  Sus conciencias no les permitieron "adueñarse" de la idea.  Sin que ellos lo notaran, Dios había empezado a hacer su obra. 

Fue entonces, cuando se dieron cuenta de la magnitud de su empresa.  Sintieron la responsabilidad de utilizar estos dones, -regalos gratuitos de Dios-, al servicio de la Iglesia, de la comunidad, en fin, de la sociedad entera. 

Despejada la incógnita, solo les restaba una cosa, aceptar el reto que les ofrecía Dios.  Sin ninguna experiencia previa, se acogieron a la intercesión de la Santísima Virgen María, modelo de entrega y aceptación de la Voluntad Divina.  Pronunciaron decididos ese Fiat!, ese Hágase!, recordando el momento de La Anunciación, en que Nuestra Señora aceptó gustosa  y confiadamente cumplir la voluntad de Dios. 

Precisamente en ese momento y recordando este pasaje del Santo Evangelio, surgió el nombre Angelus, con el que se dará a conocer la agrupación y con el que se consagraría a todos sus miembros, actuales y futuros, bajo el manto de Nuestra Señora y el Arcángel San Gabriel. 

La entrega debía ser completa.  No era posible recibir bienes materiales a cambio de dones ajenos, de dones dados por Dios en calidad de préstamo.  Fue entonces que, guiados por los lineamientos de la Doctrina Social de la Iglesia con respecto al derecho de justa remuneración por el trabajo bien realizado, y conociendo como cristiano la dignidad y el valor santificador del trabajo, se decidió a partir de ese momento, que todo el tiempo, esfuerzo y asistencia entregada a la agrupación, no sería ni ahora ni después, remunerada de manera personal, pasando todos los fondos a la manutención y soporte técnico, administrativo de la agrupación y, en la medida de lo posible, para fomentar obras de caridad en general.