La Perseverancia

El rumbo estaba definido.  Las metas y proyectos iban y venían.  Algunas veces todo estaba claro, otras oscuro.  A veces fácil, otras no tanto.  Lo que sí era evidente es que la exigencia era cada vez mayor.

 

No se pretendía un activismo que los hiciera descuidar sus obligaciones familiares, ni se pedía disminuir o desatender las responsabilidades  individuales, ya sean  profesionales, académicas o laborales.

 

La exigencia era de vida.  Era necesario vivir todo el tiempo con esos ideales.  Dios siempre pide más, pero nunca pide más allá de nuestras fuerzas.   Se hacía imprescindible un acercamiento constante con Aquel que los había llamado al principio.

 

Otra vez, suave y cariñosamente, sin que se dieran cuenta, los comprometía más y más, los atraía hacia Sí.  Los contagiaba de ese Amor hasta el punto que, conciente y libremente, como todos los hijos de Dios, se comprometían uno a uno, cada uno a su propio paso, y todos al paso de Dios.

 

La entrega los hizo sembradores, la perseverancia los ha hecho segadores.