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Nuestro llamado |
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El mundo parece estar saturado de
preocupaciones, tristeza, pesimismo y vacío.
De enfermedad física, psicológica, moral y
espiritual. La desesperanza se generaliza,
hay escasez de conciencias claras aunque
hayan mentes lúcidas. Se lucha por la tesis de que el fin del hombre es el hombre.
Se da culto a la mente y se ignora el espíritu.
Se desconoce la verdadera magnitud de nuestra naturaleza humana, se minimiza limitándola
a lo material y físico. Es imposible llenar y satisfacer nuestro espíritu a base de divagaciones. A la larga solo logramos mayor incertidumbre
Es necesaria la verdad. Esa certeza, esa esperanza de tener un
fin último más digno que las mismas criaturas. Es necesario entender que las criaturas
tienden por naturaleza a su creador y que por nuestra limitación de ser criaturas, no
podemos solos, nos necesitamos entre sí.
Como piezas en un rompecabezas, cada uno tiene
un puesto específico y necesario dentro de
esta gran cruzada de ayuda, de información. Hay que proclamar que se puede ser feliz, que
se puede satisfacer el alma tanto como el
cuerpo. Que podemos llenar y desarrollar a plenitud nuestra naturaleza humana.
Tenemos el privilegio de llevar buenas noticias a los necesitados de
esperanza, de anunciar la verdadera libertad
a los espíritus cautivos en la mente de las criaturas.
Almas
de todo el mundo, la Verdad os hará libres.!!!!
Tenemos que lograr que la gente reconozca que hay algo más en el mundo,
que una simple idea; que conocemos el Camino para la Verdad, que conocemos nuestro origen y nuestro destino, que
luchamos porque Dios viva entre nosotros, que somos
alegres porque nos sabemos hijos de Dios.
Dios está entre nosotros. Nos ha hecho un llamado específico y muy especial
a todos y cada uno de nosotros y nos ha reunido de ambientes
muy diferentes.
Al responder
a este llamado, a esta vocación de
servicio, nos consagramos a Dios, para servirle y alabarle. Aunque pueda estar
pidiéndonos exactamente algo que no entendemos o talvez
que no queremos, es necesario discernir y rendir nuestra voluntad a la voluntad de
nuestro Creador.
Seamos fieles a ese llamado que El nos hace
dando lo mejor de nosotros mismos. Respondemos confiadamente a aquel que sólo sabe amar y que, por ese mismo
amor, nos creó, nos escogió y dio su vida por cada uno de nosotros. Recordemos, Dios es nuestro único jefe. Nuestro trabajo es para su honra, gloria y honor. |